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Las trampas de la mente

El ser humano por naturaleza se conflictúa con bastante frecuencia y esto se debe en gran manera a que somos seres únicos y con herramientas limitadas de comunicación en la mayoría de los casos, programados para creer en la veracidad de todo lo que sentimos y pensamos.


La conflictología es una ciencia que nos enseña a entender, gestionar y transformar adecuadamente los conflictos y su estudio me ha permitido desarrollar las habilidades de comunicación que facilitan mi labor como mediadora y negociadora de conflictos.


En mi practica profesional a menudo compruebo que las partes que se encuentran inmersas en un conflicto acuden a mi con el objeto de que les ayude a “ganar una disputa con las mínimas concesiones posibles a su contraparte” y esto muy probablemente se debe a que las personas inician en el conflicto creyendo que tienen la razón en todo y que su perspectiva es absolutamente correcta, de ahí el porque no logran por si mismos resolverlo.


Me resulta muy útil en la sesión de mediación, llevar a los mediados a la reflexión haciendo distintos tipos de preguntas que les ayudan a analizar su conflicto desde otra perspectiva y a considerar la perspectiva de su contraparte como valida también, abriendo nuevos canales de comunicación entre ellos.


Es lo que normalmente las partes no han reflexionado solas, previo buscar ayuda del mediador@ lo que las mantiene alejadas de una posible solución. Lo que conocemos como “mindset trap” o trampas de la mente. Son aquellos pensamientos y creencias erróneas o inexactas acerca de algo que provocan un sentimiento o una reacción en las personas. Y es el impacto de estas reacciones sobre las relaciones lo que mantiene a las personas en conflicto. Créanme, no podemos confiar plenamente en nuestra mente. Asumimos que nuestra mente es confiable y no me malinterpreten nuestra mente hace lo mejor que puede, pero nuestro cerebro tiene una tarea titánica que llevar a cabo diariamente.

Nuestro cerebro no podría lidiar con tanta información que recibe en cada momento de nuestra vida, por lo que cuenta con mecanismos que procesan mucha información en “piloto automático” o mente automática por decirlo de alguna manera; esto le ahorra energía y tiempo al cerebro. Cuestiones triviales y rutinarias son manejadas por la mente automática de nuestro cerebro, para que podamos realizar estas tareas sin que nos consuman demasiada energía. Sin embargo, el cerebro realiza muchas falsas asociaciones entre distintas tareas y estímulos que recibe. Siendo la realidad muy complicada, nuestra “mente automática” genera muchas conclusiones inexactas las cuales si no se evalúan o prueban como ciertas las aceptamos como hechos irrefutables. Y a todo este proceso de nuestro cerebro es a lo que conocemos como: mentalidad.

La mentalidad es la colección de pensamientos y creencias que forman la actitud mental, inclinaciones, hábitos o disposición que predetermina las interpretaciones y respuestas que una persona hace o da a eventos, circunstancias y situaciones. Por lo tanto, la mentalidad contribuye de manera determinante con los niveles de salud, felicidad, éxito o fracaso, resiliencia etc.


Las personas destacadas y relevantes usualmente tienen lo que conocemos como mente madura y son personas que tienen gran amor por el aprendizaje y el conocimiento y no tienen temor de cambiar o romper con paradigmas o creencias erróneas.

La capacidad de escuchar a su contraparte y empatizar con algunas de sus ideas y sentimientos expresados es un ejemplo de cómo la mediación funciona como método que propicia que las partes reconsideren su mentalidad acerca del conflicto y evalúen sus respuestas al mismo.


Para nuestro cerebro siempre será más sencillo observar los errores en otros que examinar los propios, además que nuestro cerebro prefiere tener el control que entender el mundo con exactitud por eso utiliza atajos y trampas para mantener la calma en situaciones que no hemos previsto o nos hacen sentir vulnerables.


Una de las técnicas que utilizamos los mediadores son los mensajes “yo” en lugar de los mensajes “tu” en los que propiciamos que las personas se responsabilicen de sus emociones y sus reacciones en lugar de buscar a quien culpar por ellas. Un ejemplo de esto seria cambiar “me hiciste enojar” por “me siento molesto”.


Este tipo de ejercicios permite que las personas logren niveles más satisfactorios de comunicación y sean mas asertivos en sus relaciones.

¿Interesante no? Mejor dicho, fascinante el estudio de nuestra mente y su relación directa con los conflictos.


¡Para todo lo demás, prueba la mediación!

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